Puntualidad es el cuidado y diligencia en hacer las cosas a su debido tiempo o en llegar a (o partir de) un lugar a la hora convenida. Reflexión que me permito, pues mi primera pregunta empezó a tomar cuerpo a partir de las repetidas ocasiones en que, pese a tomar todas las provisiones para estar –una hora antes- y poder cubrir con el rito del chequeo y sortear los filtros de seguridad, al llegar al purgatorio de la sala de espera es común escuchar aquel anuncio, -el vuelo esta demorado y que estima su llegada… (generalmente entre 40 y 60 minutos más tarde), lo que me lleva a mi segunda, tercera, cuarta y quinta pregunta…
Mi segunda pregunta se relaciona con la reciprocidad, entendida como correspondencia mutua de una persona o cosa con otra, es decir, si soy puntual, debo esperar puntualidad, pero al parecer a las aerolíneas nacionales se les olvidó, en su catálogo de lo cotidiano, la práctica de este valor fundamental; y, pretenden disfrazar su retraso con un refrigerio, de unos ochenta centavos por un pasaje de algo más de cien dólares, con lo que refuerzan su desconocimiento del contenido de correspondencia y reciprocidad.
La tercera pregunta está planteada, pues cuando digo “pasaje de algo más de cien dólares” me refiero a la dificultad que tenemos los usuarios para conocer el verdadero valor de un pasaje que, conforme se acerca la hora del vuelo, incrementa su valor en cien o doscientos por ciento, en referencia con el valor inicial consultado, ¿será que las aerolíneas de este país son los únicos agentes que viven en un sistema de hiperinflación galopante?
La cuarta pregunta se refiere en círculo a la primera, pero atraviesa en consecuencia a las dos anteriores, pues cuando el usuario no logra llegar –una hora antes- amablemente le informan que el vuelo está cerrado y que podrá hacer uso de su pasaje en cualquier otro momento, lógicamente pagando la penalidad que corresponda para el cambio de fecha y horario; circunstancia en que preguntar ¿cuál es el costo de la penalidad? es un delito de ingenuidad contra uno mismo; nadie lo sabe y lo único probado, por la experiencia, es que será lo más alto que se logre calcular.
Nace mi quinta pregunta; y, se relaciona con la modernidad, con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información en tiempo real, con la posibilidad de marcar un teléfono en la ciudad destino; o, consultar el clima desde una Tablet y comprobar que efectivamente en la ciudad destino no llueve, no graniza, no hay niebla, no hay tormenta eléctrica, campea el sol y todos nos esperan, contradictoriamente con el formal anuncio de un parlante: “por condiciones meteorológicas no es posible despegar”…
Cinco preguntas que me motivan a una sexta, ¿Cuántos usurarios molestos y dispuestos a emprender una acción colectiva de reclamo y control al extremadamente caro y deficiente servicio aeroportuario nacional habremos ya?, ¿Cuántos usuarios tenemos la sensación de que aquel eslogan “Vuela Ecuador” sabe a sarcasmo?
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