Empoderamiento, corresponsabilidad, participación, incidencia, veeduría, contraloría social, decisión, cogobierno, observatorio, comité de usuarios, presupuestos participativos, consejos barriales, iniciativa popular normativa, consejos ciudadanos sectoriales, rendición de cuentas; términos que constituyen nuevos contenidos en el diccionario político nacional.
Somos democracia en transición; caminamos de lo procedimental y minimalista de la democracia modelo, a lo dinámico y colectivo de la democracia espacio, es decir, la democracia vista como el escenario cotidiano en que se discuten e implementan las decisiones de los temas de interés público y colectivo.
La democracia vista como el espacio cotidiano de diálogo y deliberación, en el cual se tomen decisiones de política pública, susceptibles de escrutinio y evaluación ciudadana demanda de la construcción de una nueva cultura de relaciones políticas entre la sociedad y el Estado, misma que debe sostenerse sobre dos construcciones previas, y paralelas, que sean en suerte sus propios detonantes.
En una dimensión está la apuesta por lo procedimental, para transitar del desarrollo normativo y metodológico que sirva de contenedor para la nueva cultura de relaciones políticas sociedad-Estado; mientras que, por el otro, está el desarrollo de los contenidos, de las capacidades críticas y el empoderamiento de la ciudadanía para la exigibilidad y ejercicio de los derechos de participación ciudadana.
La transición de la democrática que enfrentamos nos convoca a la consolidación de los espacios de participación y control social desde los cuales podamos hacer uso efectivo de los mecanismos que nos permitan incidir, tanto en la definición de las políticas públicas, cuanto en el desarrollo normativo a partir de las propuestas normativas populares; y, finalmente en la evaluación de la gestión de lo público desde los ejercicios y mecanismos de control y contraloría social.
De este modo, para el nuevo modelo de democracia, el poder es entendido como medio no como fin, de modo que la toma de poder solo tiene sentido en tanto aporta a la construcción, irradiación y distribución del poder hacia las organizaciones de base de la sociedad, para fomentar la revolución cultural de las relaciones políticas sociedad-Estado.
Toma de poder, construcción del poder, irradiación y distribución del poder; y, finalmente revolución cultural; es la espiral del nuevo modelo, es la espiral propuesta para la constitución del modelo de democracia dinámico e incluyente.
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