El concepto de cadena trófica nos remite a la idea del proceso de interrelación alimenticia que se establece entre los seres vivos de un ecosistema; es decir, el proceso sistémico a través del cual el individuo dos se alimenta del individuo uno, pero es, a su vez, alimento del individuo tres, hasta completar la cadena, regresando sobre el individuo uno y empezando nuevamente el ciclo.
Así, el extractivismo, utilizando en metáfora, es el eslabón de inicio de la cadena trófica del consumismo que, no alcanzando a sistémica, demanda estímulos externos para reproducirse hasta desgastar y agotar los recursos del medio que la cobija, mudándose entonces a un nuevo espacio que el garantice la posibilidad de explotación de los recursos que inician la cadena.
Desde esta perspectiva, el extractivismo no es un proyecto político, es, únicamente, la etapa primera de sustento de un modelo cultural, económico y político que se corresponde con la neocolonización que, a través del consumismo, impone un estilo de vida basado en el crecimiento exponencial del mercado.
Salir del proceso extractivista es necesario, sin embargo está condicionado, pero condicionado más allá de una decisión política de estado, a una decisión cultural de sociedad, es decir, en tanto sigamos pretendiendo consumir más tecnología, actualizando televisores, computadores personales, laptops, tablets, móviles, cámaras, reproductores de audio y video, vehículos, antes de que estos cumplan con su ciclo de uso óptimo, mientras sigamos homogeneizando las formas de vestido y alimentación, más allá de las posibilidades de nuestros entornos, a las presiones del mercadeo y la publicidad, mientras sigamos visitando el mall como espacio de encuentro social, recreación o entretenimiento, seguiremos empujando la presión consumista, sobre la cadena que arranca en el extractivismo.
El consumismo es un modelo social, cultural y político aprendido y adoptado que, en su génesis, no pretende la búsqueda del bienestar individual o colectivo y el desarrollo sostenible; sino que más bien, describe la transformación del ciudadano en consumidor, conculcando los derechos en función de las posibilidades de establecer productos o servicios que mercantilicen la satisfacción de las necesidades o el ejercicio de los derechos, el consumismo es la nueva forma de construcción y reproducción ideológica de un sistema basado en sostener y profundizar contradicciones económicas y sociales profundas.
Extractivismo y consumismo son las caras de una misma moneda que reproduce un sistema, la racionalización del extractivismo, su reducción a niveles ambientales sostenibles demanda también de una profunda transformación de nuestra cultura y hábitos de consumo irresponsable y acelerado.
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