Los puntos de vista condicionan la construcción de los paradigmas, que constituyen los puntos de partida desde los cuales edificamos la sociedad en que vivimos; así, el paradigma eurocéntrico dominante da cuenta del camino evolutivo de nuestra sociedad bajo la premisa de “si la gente no compra, la economía no crece”; lo que significa una economía basada en crear necesidades; como señaló Brooks Stevens, “inculcar al comprador el deseo de poseer algo un poco más reciente, un poco mejor, un poco más pronto de lo que es necesario”, en lugar de producir para satisfacer necesidades.
La economía del consumo es la economía del desechable, un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios: el carro o el móvil, el computador y la tablet, el televisor y los reproductores de música o video, etc., marcan el ritmo del reemplazo vertiginoso que no se asocia con el uso ni con la obsolescencia técnica o real de cada uno, sino más bien con la obsolescencia programada que irradia la idea del reemplazo necesario, pues el nuevo modelo siempre está provisto de mejoras y nuevas aplicaciones que, probablemente, tampoco podremos descubrir y aprovechar antes de reemplazarlo…
“Libertad y felicidad a través del consumo ilimitado” la promesa del modelo del (neo)liberalismo construye su estrategia desde los ejes de la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito como pilares de la inclusión de cada uno en el mapa de la modernidad, mercantilizando, para su propia reproducción ampliada, el espectro de los derechos individuales y colectivos.
La sociedad del consumo ignora los límites de su propia estrategia, la disfraza en la teoría del crecimiento ilimitado, sobre la cual Serge Latoche sentencia “quien crea que un crecimiento ilimitado es compatible con un planeta finito: o está loco o es economista”.
Vivimos un proceso de transformación que confronta dos puntos de vista; el primero nos sugiere, desde la lógica de la sociedad del mercado y el consumo, la idea del crecimiento ilimitado y la acumulación como lógica y dinámica social; el segundo, propone la construcción de una sociedad de derechos, consciente de sus propios límites naturales y basada en el uso eficiente y racional de los recursos del ecosistema que nos cobija…
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