Entre la extracción, producción, comercialización, consumo y disposición final, construimos un sistema de confort basado en el uso de los recursos tanto renovables cuanto no renovables; en las últimas tres décadas hemos consumido un tercio de los recursos naturales del planeta, la obsolescencia promedio del 99% de los bienes que se consumen en América bordea los 6 meses.
Extractivismo y transformación se basan en la máxima de la optimización de costos y crecimiento de la producción y la productividad, costos bajos y precios bajos para que la gente siga comprando y los inventarios se sigan moviendo; recordemos que “si la gente no compra, la economía no crece”, por tanto hay que aplicar los conceptos de ventajas competitivas, economías de escala y externalización de costos.
Un ejemplo, hoy podemos adquirir en cualquier tienda de cualquier centro comercial, un par de audífonos por un dólar, pero ¿cómo entender que ese precio cubra los costos de producción distribución, comercialización, recursos, mano de obra, etc.?. Probablemente los audífonos fueron construidos con metal extraído en Sudáfrica, petróleo de medio oriente, plásticos fabricados en China y ensamblado por una obrera de una maquiladora en México.
Comercialización y consumo son el eje del sistema enfocado sobre la dinámica de provocar rotación de inventarios cada vez más rápido en todas las tiendas de todos los comercios, de todas las cadenas, de todos los productos, los hábitos de consumo ya no persiguen la satisfacción de necesidades, sino que se desprenden de una nueva dinámica de construcción de una cultura de consumo acelerado con necesidades que se construyen en laboratorios y se venden a los cerebros.
Decía Víctor Lebow “nuestra economía tan productiva requiere que hagamos del consumo nuestra forma de vida… …necesitamos que las cosas se consuman, quemen, reemplacen, desechen a ritmos cada vez mayores”; en el camino, la pérdida de hábitats por la explotación de recursos, la contaminación, deforestación, erosión, alteración de cadenas tróficas, polución, extensión de la frontera agraria, desplazamiento de grupos humanos, etc., constituirán solo externalidades necesarias del confort urbano o motivos de reflexión que provoquen profundas transformaciones culturales de las relaciones políticas, sociales, económicas y ambientales hacia un modelo que sea en verdad humano y sustentable.
El extractivismo no es una forma de gobierno ni de gestión pública, es respuesta condicionada por un modelo de consumo inducido que se corresponde con un paradigma también externo, el extractivismo es la punta del ovillo del consumismo, por tanto para superarlo debemos primero desenredar la madeja del hilo que lo constituye.
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