Amanece la campaña

Amanece la contienda electoral, movimientos y partidos declamaron ya los nombres de quienes levantan sus proclamas, nosotros, del otro lado de la orilla, nuevamente estamos entre la razón motivada de la selección del plan, programa o propuesta y/o la tradición de decidir por identificación o rechazo a un modelo de personalidad o liderazgo.

 

Así, el elector es presa del lugar común: la desacreditación del contrario y la posibilidad de encender una mecha de efervescencia, cuasi populista, que construya un nodo de identidad más parecido al caudillismo que al liderazgo.

 

Sobre unos pesa la historia, la relación con un pasado de inestabilidad y escasa gobernanza, sobre otros el desgaste de la gestión que, tras 10 años de ejercicio, demanda renovarse y reinventarse para circunscribirse en el imaginario electoral.

 

El lugar común es, para variar, el hilo conductor de la propuesta de unos y otros, elevar la inversión, crear nuevas fuentes de empleo, reducir: el tamaño del estado, las tasas de interés y los impuestos; atraer inversión extranjera (aun cuando tengan la propia en el extranjero), enunciados que responden a las más elementales demandas de todos, pero que no describen una estrategia de contexto para alcanzarlos.

 

Los discursos a la orden del día cambian, mutan, se acomodan y adaptan de acuerdo al público y el escenario, así, aunque todos estamos de acuerdo en respetar el principio de progresividad de derechos, hablamos del derecho al trabajo y el fomento del mismo, reduciendo el nivel de ingreso (como si eso no afectara el nivel de vida del trabajador y su entorno familiar) o establecer tablas diferenciadas con ingresos menores para las nuevas plazas (como si aquello no afectara el derecho al progreso y bienestar de la juventud).

 

La campaña, entre recordar feriados bancarios o denunciar hoy, (¿por qué no ayer?, ¿por qué no hace un año?), actos de posible corrupción que deberán ser investigados y esclarecidos, se centra en explotar la historia y el desgaste, recitar el lugar común de la expectativa colectiva y disfrazarse de cotidiano, tomando cerveza a pico en la tienda del barrio o jugando indor en la esquina.

 

Enfrentamos un nuevo proceso electoral en el cual, lejos van quedando los debates de ideas, las propuestas y los planes, lejos las estrategias, lejos los compromisos reales para superar una etapa decreciente del ciclo económico, lejos la posibilidad de una selección informada y consciente.

 

Hoy, elegimos enajenados por el canal que consumimos, pues entre posición y oposición, los medios construyen, desde su propia perspectiva, el perfil que impulsan, venden y posicionan sin reparar en los contenidos.

Comentarios