Decía Krishnamurti: “somos un resultado del pasado. Nuestro pensamiento se basa en el ayer, y en muchos miles de "ayeres". Somos un producto del tiempo, y nuestras reacciones, nuestras actitudes presentes, son efecto acumulado de muchos miles de instantes, incidentes y experiencias”; entonces, la realidad histórica también es el proceso acumulado de las realidades precedentes y su determinismo en el momento presente; o como define Ellacuría “el último estado de la realidad, en el que se hacen presentes todos los demás es al que llamamos realidad histórica”.
Reflexiones que me permito convocar para provocar una deliberación necesaria frente a la ligereza con que se desconoce el producto acumulado de una lucha histórica de colectivos y movimientos por reivindicar el principio del sujeto de derechos, por encima del principio de la eficiencia del mercado y los capitales.
Avanzamos así, de un sistema democrático minimalista y procedimental, hacia uno dinámico basado en el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos, diseñando para el efecto una plataforma normativa y una batería institucional que sirvan de garantes del nuevo modelo que provoca un desequilibrio, en la democracia tradicional, recogiendo la lucha histórica de los movimientos sociales.
Un ejemplo del nuevo modelo de derechos de participación ciudadana nos remite al sistema de selección de autoridades de control, hoy producto de concursos nacionales de oposición y méritos, organizados por ciudadanos, sujetos a control social a través de veedurías ciudadanas y otros mecanismos, modelo que devuelve, sobre la ciudadanía la capacidad de participar, tanto para ser electo, como para seleccionar, en función de capacidades, preparación y experiencia. Sin embargo, en el marco del proceso electoral se pretende cuestionar, sobre juicios de valor, el modelo, acercando propuestas alternativas que pretenden regresar al modelo parlamentario, basado en selección por mayorías políticas; o, inclusive, y en extremo, a un modelo de encargo a “juntas de notables” la designación de estas autoridades.
Los derechos son, por natura, progresivos, y desde una reflexión sobre la realidad histórica que, como define Hinkelammert, es la intersección dialéctica entre el pasado acumulado y la ilusión utópica que condiciona la selección del “mejor de los posibles”, evidentemente nos debe convocar a una reflexión colectiva para exigir propuestas que efectivamente garanticen los derechos de participación ciudadana, los fomenten, expandan e irradien.
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