con mi generación en Yambo

 

Años atrás, motivado por un sentimiento de identidad e indignación generacional escribí un texto sobre Santiago y Andrés Restrepo, desaparecidos el 8 de enero de 1988. Su historia, la historia de sus padres, constituye un símbolo generacional de lucha irreverente por los derechos humanos y la justicia. La vida me dio la oportunidad de compartir este texto con Pedro Restrepo y hoy, quiero compartirlo con ustedes y rendir juntos un homenaje a su memoria.

 

Entre La Toreadora y Yaviuco, pasando por Lagartococha o Taitachungo, corredores de esa infancia que sembró en nosotros la capacidad de maravillarnos por la singularidad con que la Pachamama teje entornos únicos, diversos, bastos… así aprendimos a disfrutar de los rincones de nuestra serranía en la tierra de los lagos y las lagunas, como Yaguarcocha y las leyendas incas en los tiempos de los caranquis, las lagunas verdes del Carchi; o aquellas que vigila el Cotopaxi, la de San Pablo y su famosa nadada de cada año; nuestra querida buza en San Fernando, las Tres Lagunas de Chordeleg o la de Zhogra en Girón…

 

Entre truchas, carpas o patos, rodeadas de verdes montes o bosques de papel, escondidas en la espesura de la niebla o al pie del carretero, con aroma a infancia, a aventura, a un místico secreto que resguarda el crepúsculo que se esconde tras la montaña al caer la tarde; las lagunas son y han sido siempre un símbolo del monumental espectáculo de los Andes Ecuatoriales. Pero una, solo una nos fue arrebatada del encanto, una nos fue despojada de la imaginación, una, solo una nos fue etiquetada de muerte, cubierta con el negro manto de la impunidad y el abuso de poder.

 

Una que fue construida como un cordón generacional de protesta contra los tiempos del silencio y el miedo, solo esa, en la que reposa la memoria de los hermanos colombo-ecuatorianos a los que ninguno de nosotros pudimos conocer, pero que sin embargo reconocemos como nuestros, inmolados en la proclama que recogimos por coherencia y convicción.

 

Yambo no sabe a chocolate caliente al atardecer, Yambo no sabe a los bosques de papel de la geografía andina, Yambo no sabe a la fresca brisa de la montaña, Yambo no sabe a la aventura de la pesca, Yambo no sabe a paseo familiar, ni encanta con su encanto. Yambo sabe, en la memoria de nuestra generación, de nuestro tiempo, a muerte, a impunidad, a esa dictadura del abuso, de la intolerancia, la arrogancia y la soberbia. Yambo sabe a injusticia, se oculta tras una niebla negra que no se encuentra en ningún otro rincón de nuestros Andes Vida…

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