“Pan, techo y empleo”, “ahora le toca al pueblo”, “primero la gente”, “la fuerza de los pobres”, “adelante Ecuador, adelante”, “ya tenemos presidente”, “ya viene el otro Ecuador”, etc.; fueron, al ritmo de una corneta, de los iracundos o incluso de The Beatles, algunas de las campañas presidenciales sobre las cuales, convocando a Sabina, el Ecuador “hervía como el ruedo en tardes de corridas”…
La efervescente y, por momentos, enajenante presencia de candidatos en televisión, radio, prensa escrita; sus banners en ventanas y balcones, postes de luz llenos de afiches, sus adhesivos en casi todos los vehículos, los parterres llenos de brigadas, brigadistas y caballetes, las constantes caravanas que terminaban en improvisadas concentraciones, las encuestas se tornaban en eje de cada noticiero, mientras, pan de todos los días, éramos abordados por jóvenes en las calles o en casa por vía telefónica, “¿me permite un minuto de su tiempo?…, -acto seguido- ¿ha decidido usted su voto?”.
Hoy, la campaña es diferente, las calles casi limpias de la invasiva presencia del banner, afiche, caballete y poster; los noticieros se debaten entre la coyuntura y la entrevista a uno u otro candidato, pero sus espacios publicitarios son más poblados por la telenovela de estreno que por el anuncio presidenciable, las encuestas no son el punto de partida del análisis cotidiano y más bien, se han ausentado por varios días (quizá semanas) del breviario cotidiano de la noticia.
Una campaña atípica, que pareciera debilitarse en la poca expectativa que provoca el escenario de una candidatura que, de momento, podría resolver la papeleta en primera vuelta. Moreno no se aleja de su meta del cuarenta por ciento, la roza de cerca, en tanto que Lasso, Viteri y Moncayo sueñan muy lejos de un, por lo menos, treinta por ciento que les permita forzar una segunda vuelta, decir que ello haya provocado una campaña más apagada, menos intensa y cotidiana es, por lo menos, una probabilidad evidente.
Entre desmontar el correísmo, punto de intersección de los candidatos de oposición y, un correísmo moderado, punto que podría definir al candidato oficialista, el ambiente electoral no logra prender el ruedo; la ciudadanía permanece escéptica a una campaña que, al parecer, no acaba de arrancar; o se guarda para una probable, aunque cada vez más lejana, segunda vuelta.
Reducir impuestos, atraer inversión extranjera y generar empleo es el lugar común que interseca los discursos de la campaña y la promesa repetida a lo largo de la línea del tiempo desde aquel “pan, techo y empleo”; y, posiblemente sea la misma promesa, profesada por los mismos personajes que se deben a los mismos grupos lo que mantiene apagados y expectantes a los electores...
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