Hipótesis y reflexión

La dinámica editorial de la prensa rotativa es el ejercicio del relato como registro histórico de los sucesos, hacer opinión demanda proponer, provocar, motivar reflexiones, pero, casi siempre, desde la dinámica, de suceso-relato; por tanto resulta complicada apuesta, con sabor a audacia, pretender una columna para hoy, cuando esta se escribe en viernes, en tanto el foco de atención gira en torno al resultado del proceso electoral que se desarrollará o desarrolló en domingo (desarrollará o desarrolló según la perspectiva de escribirlo o leerlo).

 

Nuestra atención, casi exclusiva, se centra hoy en el dialogo y análisis de los resultados de los comicios de ayer, sin embargo, escarbando un poco más en la motivación del interés podríamos pretender desvelar otros contenidos del mismo, más allá del puro y duro resultado electoral me parece interesante un ejercicio sobre lo que, sin estar implícito en las propuestas, pudo motivar la identificación con uno u otro candidato; y, servirá para fomentar un nuevo pacto colectivo nacional para, retomando los resultados, poder avanzar con optimismo y esperanza hacia la construcción del futuro anhelado.

 

¿Qué queremos los ecuatorianos del proceso electoral como resultado último?, ¿qué esperanza subyace tras la figura de uno u otro candidato?, ¿cuál es la ilusión movilizadora que provocó nuestra identificación con una u otra propuesta?, ¿qué hay más allá del “cambio positivo”, la “unidad por el cambio”, el “vamos por el cambio” o “el cambio verdadero”?

 

Más allá de los resultados numéricos del proceso electoral, esos que espero podamos analizar y conversar en un próximo artículo, me planteo como hipótesis para discusión, si en verdad lo que los ecuatorianos necesitamos es un cambio, pero un cambio de modelo cultural que destierre ostracismo, demagogia y corrupción, para, recogiendo lo positivo, censurando y castigando lo que no sea transparente y honesto; corregir los errores y, sobre todo, reconstruir, desde nuestra profunda identidad y sentido de pertenencia los lazos del cotidiano convivir en que buscamos sembrar una sociedad amplia, plural, incluyente, equitativa y sobre todo solidaria como cada uno de nosotros.

 

Decía Einstein, “la mente es como un paracaídas… Solo funciona si la tenemos abierta”, idea que me parece hoy más oportuna que nunca, cuando el primer paso para emprender el cambio que inaugure el nuevo día, debe ser un cambio conductual y actitudinal, un cambio que nos abra y predisponga a volver a reconocernos como actores de un mismo proyecto que aportan y aportamos desde la diversidad de las perspectivas y experiencias en la intención de una sola construcción posible, un Ecuador que sea “cuna, hogar y escuela”…

 

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