Principios, ideologías y ostracismos

“Pude ver un debate de altura entre alguien de gobierno y un opositor, no se trataron de borregos ni pelucones y entendí la diferencia entre principios e ideales”, me comentó un amigo de manera reflexiva; “¿cuál es la diferencia?, le pregunté, “simple, el uno acomoda la ideología y defiende el puesto, el otro habla sobre principios universales, yo, por suerte me identifico con el segundo”

 

Sui generis y pretenciosa conclusión declarar vacío de “principios universales” a un interlocutor por el imperdonable pecado de pensar diferente, desconociendo que la ideología, nace en la cosmovisión, es el logos, de la que se desprenden escalas, valores y principios.

 

Los principios son un constructo de la escala de valores, a través de la cual una sociedad define lo que es correcto y lo que no lo es; desde su percepción relativa del bien y el mal, como categorías humanas, así esclavismo vs libertad o pena de muerte vs derecho  a la vida, confrontan visiones que demuestran; el primero, la evolución de la cultura en el tiempo; y, el segundo, la diferencia que subyace en un mismo tiempo entre paradigmas sociales divergentes. La ideología provoca principios desde su propia escala de valores, estos no son inmutables y se construyen y deconstruyen a medida que evoluciona la sociedad y su paradigma central.

 

Regresé sobre Bordieau y le dije “fíjate en la teoría del campus y el habitus, individuos, instituciones y colectivos (agentes) luchan dentro de un campus por un capital simbólico que es fuente de legitimidad y poder, esa lucha provoca una matriz de relaciones a la cual conocemos como habitus-cultura. ¿No te parece lógico que si el campus se transforma y los capitales simbólicos son otros, entonces las relaciones de poder y legitimidad también cambian, transformando, por lo tanto, la cultura y como consecuencia esa escala de valor de la que nacen los principios?”

 

Las culturas caminan el tiempo, se cruzan, provocan mimetismos, sincretismos, conciliaciones, se expanden e intersecan, crecen, se fortalecen, mutan, transforman nuestra cosmovisión, la cultura no es, de ninguna manera estática y tampoco universal, más allá del eurocentrismo globalizante, las culturas pueblan cada rincón del planeta, su génesis se pierde en la noche del tiempo y traza una línea de continuidad hacia el infinito, son la expresión de la ideología en la que nacen los principios, nuestra pequeñez relativa debería convocarnos al respeto absoluto y de ninguna manera a la descalificación o peor aún a la negación del derecho a la cultura, la existencia de ideologías diferentes; y, por tanto principios que, aunque no compartamos, son tan válidos y reales como subjetivos los nuestros…

 

 

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