La ironía es uno de los elementos que con sutil ingenio convocan Les Luthiers para construir historias, escenarios, personajes y situaciones que, basadas en los equívocos, los juegos de palabras, la torpeza, la excentricidad, las contraposiciones y un sano e imaginativo surrealismo; producen total concordancia entre la interpretación y la comedia.
Recuerdo “la hora de la nostalgia”, uno de aquellos inolvidables monólogos de Daniel Rabinovich: “señoras y señores, ladies and gentlemen, madammes et messieurs, signora, signori, ositoko, ositaka. Iniciamos aquí, y fuera de programa, una nueva emisión de "la hora de la nostalgia", "nostalgy hour", "l'heure de la nostalgie", "l'ora della nostalgia"... ositoko, ositaka. Son ya muchos los artistas que han pasado por "la hora de la nostalgia", pero hemos recibido innumerables pedidos de nuestro público solicitándonos la presencia en nuestro programa de un gran artista, aunque sea uno…”
La ironía grafica la primera idea: “al menos una…”, volveré sobre ella al final; la segunda idea necesaria para pretender esta reflexión se relaciona con el papel de las redes en la construcción de los imaginarios.
Así, de la ironía al ejercicio sectario de descalificación, ridiculización y censura de lo opuesto. Acorazados en nuestra propia cámara de eco que construye, desde el aislamiento colectivo, una nueva forma de inteligencia grupal (si se la puede llamar así) desde el sectario ostracismo de las redes sociales que reducen la posibilidad de la diversidad bajo un espejismo de uniformidad del pensamiento, las cámaras de eco construyen una burbuja que no permite un diálogo fluido de perspectivas diversas, reafirmando posiciones en función de micro-identidades homogéneas.
El proceso electoral del pasado dos de abril evidencia dos cámaras de eco antagónicas, una cuestionando el proceso, la otra validando los resultados, para la primera existe un fraude que demanda acción ciudadana en las calles, pero, más allá del legítimo reclamo, y la justa aspiración de todos a contar con un proceso transparente, debemos recordar que la inocencia no se prueba, se presume en tanto no se demuestre lo contrario y, por tanto, es el grupo que denuncia las irregularidades quien debe probarlas.
Volviendo sobre Rabinovich les pedimos “señoras y señores, ladies and gentlemen, madammes et messieurs, signora, signori, ositoko, ositaka” salgan de su cámara de eco y presenten UNA, al menos una prueba de todo lo denunciado en el canal legal correspondiente; y, respetando tanto la institucionalidad del Estado, cuanto nuestro derecho a un ambiente libre de violencia, asumamos un pacto ético por la transparencia de los resultados electorales que deberán reconocer y respetar, pues de eso se trata la democracia…
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