“Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra…” Génesis 2,7; así, hombre-homo-hominis y humano-humanus, en acepción cercana de humus-tierra, refieren el sentido de proveniencia hombre-tierra; que más allá del género constituye la categoría de especie. El origen de la palabra engloba y trasciende, desnuda de violencia, sobre el reduccionismo de lo cotidiano; la palabra expresa, desde el uso y la intención, el sentido que le da contenido en la construcción discursiva y cultural. Hombre como palabra es categoría y no significa ni implica, ni de lejos, violencia o desconocimiento del género.
Señoras y señores, ciudadanas y ciudadanos, niñas y niños, ellas y ellos, el, la, los, las… “este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase” sostiene la Real Academia de la Lengua Española, en tanto que el Diccionario Panhispánico de Dudas agrega que “en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos.
Reflexión que considero justa y necesaria cuando en mi columna anterior pretendía un saludo al legado de Eglantyne Jebb, precursora de la lucha por los derechos de los Niños, pero niños entendidos desde la universalidad de la palabra, niño en acepción de la clase, el conjunto, el universo; niñez, como lo define su propia construcción lingüística, suma de la palabra niño, más el sufijo de cualidad “ez”, niño es el conjunto, engloba desde la pureza de la lengua los sexos, niñez es la etapa, no refiere los sexos, no refiere la condición, refiere una etapa del desarrollo del ser humano, el uso correcto, por tanto, para referir el conjunto es niño.
La violencia de género no se mece en la cuna del lenguaje, su génesis radica en el prisma del uso y construcción cultural, la palabra convoca el concepto, la cultura provoca la definición, entre concepto y definición caminan interpretación y expresión; es decir, la intersección y reproducción de los usos y las costumbres, apostar, en serio, por una cultura libre de violencia de género significa un trabajo de fondo sobre los paradigmas culturales de las relaciones de poder social; representa, más allá de un superfluo “el, la, los, las”; (reconociendo y enarbolando las luchas históricas y sus conquistas) de-construir las asimetrías de la división de roles, porque la equidad de género no es un tema de machismos o feminismos en lucha, es un tema de masculinidades y femineidades que se expresan, entienden, valoran y conjugan…
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