Entendemos, entre las ideas de Bruni y Wihtman, que el tiempo teje, el viento sopla; y no cesan un instante de tejer y soplar; y, en cada puntada, en cada brisa, debes ejercer el irrenunciable derecho a soñar, ya que solo en sueños es libre el hombre y mientras el tiempo teje y el viento sopla, la poderosa obra continúa y podemos aportar una estrofa
“Se prudente, filtra el vino y adapta al breve espacio de tu vida una esperanza larga”, porque mientras el viento sople y el tiempo teja, la vida se proyecta desde los recuerdos hacia las promesas, cierras los ojos al recuerdo en que evalúas los pasos con que caminaste el año que termina; y, los abres nuevos para saltar la llama hacia la promesa de los pasos con que esperas caminar el que viene.
Y si, es verdad, cada año nuevo huele diferente, huele a ilusión, huele a oportunidad, huele a compromiso, huele fresco, renovado, inspirador; es verdad, en cada año nuevo amanece, envuelta en expectante ansiedad, la ilusión que se proyecta y quiere, de un sorbo beberse el año; protagonizar el epílogo sin escribir la obra…
Emprendamos la aventura de recorrer el año desde un nuevo compromiso; un compromiso con la constancia, perseverancia, entereza, tenacidad, persistencia y paciencia para levantar en cada tropiezo, jamás apuremos los tragos amargos y bebamos con prudencia de los dulces; reflexionar y aprender de cada uno, ese es el camino de la superación; y ella, el camino del éxito.
Al cruzar el umbral hacia el 2024 hagamos un compromiso interior para renunciar a todo aquello que nos detiene, daña y atrofia; asumamos el portal del tiempo como un simbólico nacimiento hacia una nueva etapa que, desde actitudes diferentes, nos llevará a cosechas diferentes.
Recordemos a Horacio, pues mientras escribo, mientras leemos, el tiempo envidioso huye, captura el día, vive el capítulo presente, no te fíes de un incierto mañana, que el epitafio sea resumen no objetivo…
¡El tiempo teje, la vida avanza, el año empieza, salimos al encuentro de los sueños!

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