Los Simbolismos de la Fe II

 


Emerger de las tinieblas, vencer el vicio y trascender en la virtud de una vida nueva, transmutarse, pulir la piedra, vencer la muerte; la religión es el puente que une lo humano con su propia necesidad de trascendencia, creando para ello un conjunto de significantes y significados, símbolos, ritos y rituales que encierran las claves de su propio contenido sacro sagrado.

El Cristo desciende en la oscuridad de la muerte, la conquista y de ella emerge, el sagrado misterio que cimienta la fe de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana se consuma tras los hechos de la Semana Mayor a la que arribamos por el sendero de la cuaresma.

La cuaresma inicia tras el carnaval, en cada miércoles de ceniza y simboliza el periodo de cuarenta días de purificación mediante tres prácticas de penitencia: el ayuno, el diezmo y la oración, que nos conducen a vivir la trasformación de la muerte simbólica y el renacer a la luz de la Semana Mayor.

El ayudo representa, en todos los niveles físicos, sociales, intelectuales y espirituales, la construcción del carácter renovado que aprende el renunciamiento del vicio, del exceso y de la gula. El diezmo propone el emerger de la conciencia solidaria, más allá de la verticalidad de la limosna, nos conduce a la horizontalidad de la hermandad en Cristo; y, finalmente la oración que expresa nuestra capacidad de silenciar el mundo para buscar el encuentro interior con nuestra propia esencia, como me enseño el Tuga (y se lo comparto) orar es hablar a Dios, meditar es escucharlo…

La Cuaresma significa vivir un periodo de cuarenta días de purificación, emulando los cuarenta días que vivió Cristo en el desierto, los cuarenta días del diluvio universal o los 40 años de marcha del pueblo de Israel en el desierto; todos ellos relacionados con periodos de purificación.

 

 

 

 

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