Izquierda(s)

  

Hace unas pocas semanas en un taller sobre política, imaginarios, populismos y democracia, alguien planteó una idea que me parece, dibuja, describe o explica mucho de lo que pasa, de lo que caminamos: la fuerza de la derecha -sostuvo- es inversamente proporcional al fracaso de la izquierda; profunda afirmación que me parece necesario compartirla, entenderla y debatirla.

En un primer momento, la afirmación no valida la agenda, ni el proyecto de la derecha, todo lo contrario, parte de un evidente cuestionamiento implícito, sobre el que creo necesario regresar más adelante; dado que, en segundo momento se establecen dos conjeturas complejas que no deberían minimalizarse, la primera, hablar de izquierda (en singular); la segunda es el fracaso, ya que no se, o no me atrevo a afirmar que lo que fracasó o ha fracasado sea la izquierda.

Volviendo sobre la primera, hablar de izquierdas en plural es reconocer la heterogeneidad, diversidad y complejidad de las corrientes ideológicas, de las sociedades, de los movimientos sociales. La izquierda desde la perspectiva de la social democracia, la del estructuralismo cepalino, la del keynesianismo anticíclico, las perspectivas del autocentramiento, el desarrollo endógeno, el desarrollo a escala humana, los eco socialismos, eco feminismos, el sumak kawsay y un largo abanico de cosmovisiones y perspectivas de deconstrucción antisistémica que naufragan cuando liderazgo deviene en caudillismo, izquierda en populismo y la democracia en una transacción clientelar.

La fuerza de la derecha nace, crece, se reproduce, expande y consolida sobre el fracaso de la izquierda; porque en el imaginario la izquierda es una: solución o tragedia, liderazgo o caudillismo, transparencia o corrupción.

Pero la fuerza de la derecha es también el caldo de cultivo para una nueva izquierda; una izquierda solidaria, amplia, inclusiva, transparente y plural.

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