Que si ¿hubo proselitismo?, sí, pero claro que sí, por supuesto que sí, obvio que sí. Pero ese proselitismo que se entiende, se ejerce y asume como la acción de persuadir y reclutar desde la causa; la causa como lazo; el lazo que nos identifica y define, el lazo que nos convoca y moviliza; el lazo que se levanta empuñando la causa y no requiere caudillo.
El proselitismo de la identidad que se hereda, se contagia se expande y reproduce desde cada uno para levantar la voz, para decir presente, para definir los objetivos y trazar los límites, el proselitismo libre de populismos y caudillismos, proselitismo con aroma de tejido social que se regenera y busca germinar.
¿Fue política? Claro que fue política, es la expresión soberanía de un pueblo que levanta la voz y exige respeto por sus derechos, sus capacidades, sus decisiones; un pueblo que exige respeto por su identidad, cultura y patrimonio; un pueblo que traduce del griego que esto es PODER DEL PUEBLO.
Política, no politiquería; proselitismo, no caudillismo, populismo o demagogia; la voz de Cuenca se levanta sin otro nombre o rostro que el agua que se vierte desde el quinto río para recorrer el damero colonial de la villa patrimonial y escribir su historia progresista y solidaria.
La marcha fue (es) de todos por todos y para todos; pero de ningún modo fue (es) contra uno o en favor de otro, la marcha no tiene color de tienda o parcela, la marcha por el agua fue política y proselitista, basada en el derecho, nuestro derecho y empuñanda sobre nuestra identidad, nuestra historia y nuestra cultura.
Somos Cuenca, somos historia, tradición, patrimonio, identidad y cultura; somos Cuenca de los Andes, Santa Ana de las Aguas, Cuenca de los Ríos, somos las historias que se cuentan; las tradiciones que se practican; las conquistas que se festejan; las obras que se escriben, pintan y cantan en las ocho orillas que nos cobijan.

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