Del evangelio de Mateo al imaginario cristiano, del milagro al recurso literario, más allá de la astronomía o la astrología; anclada sobre la base del simbolismo teológico y literario, la Estrella de Belén es uno de los significantes más reconocibles de la tradición eclesial y la narrativa canónica: una estrella que se elevó en Oriente y fue la luz guía que condujo a los sabios magos al encuentro del Mecías en un pesebre de Belén.
Esperanza, fe, guía; la Estrella de Belén es el signo que traza la luz y marca el camino espiritual hacia lo trascendente, la estrella encarna el mensaje de vida que se renueva hacia la luz de la verdad.
“Aunque no es histórica, es una bonita historia, porque él se detuvo en el camino para ayudar a todos los necesitados dando preciosos dones que había llevado para Jesús”, con estas palabras el Papa Francisco refirió una antigua leyenda apócrifa que, desde la obra The Story of the Other Wise Man de Van Dyke, nos cuenta la historia de Artabán, el cuarto Rey Mago, quién tras perder el encuentro con Melchor, Baltazar y Gaspar, emprende un peregrinaje siguiendo la luz de la estrella que le muestra el valor de una vida al servicio de un compromiso.
Entre la Estrella de Belén y el viaje de Artabán significantes de un mensaje trascendente que se sintetiza en tres lecciones:
1. “Tuve hambre y me diste de comer, tuve…” (Mateo, 25,35) el mensaje de Jesucristo nos convoca a reconocernos como hermanos y como tales asistirnos.
2. Desprendimiento, generosidad y solidaridad; “tengo las manos vacías de tanto dar sin recibir, pero las manos son mías”; entender la vida como un flujo constante de energía y actuar en correspondencia.
3. Abrazar, agradecer y avanzar; más allá de la efímera idea del control, entender que somos parte de un plan mayor, donde el azar se subordina a la causalidad.
Artabán tomó la estrella de oriente como faro guía, caminó sobre su haz de luz en busca de su misión: todo lo que hiciste por mis hermanos, lo hiciste por mi…
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